Ni arrepentimientos, ni testamentos. Simplemente una nota que explica las razones por las que yo, me suicido. Estoy hasta la coronilla del mundo. Decepción tras decepción, fracasos, uno detrás de otro, me hacen hundirme en la miseria de la vida, una vida que no vale la pena continuar.
No se que me espera detrás de este cuchillo. No se siquiera el dolor que voy a sentir, no se si es verdad la liberación que quiero sentir, quizás simplemente sea quedarse en blanco. Un segundo de libertad podrá compensar los minutos de agonía. Los años de sufrimiento.
Tengo una ansiedad muy grande, la noto en el pecho, noto algo extraño al respirar. Unas ganas de llorar que no parecen mías, que no quieren arrancar, supongo que me he quedado sin lágrimas.
Explico mis sentimientos porque mis motivos son ellos. Poco puedo explicar, pues todos los que me conozcan y lean esto (espero que lo hagan) sabrán como me he sentido estos últimos momentos. ¿Dónde estoy ahora? En mi propio “hogar”. Sentada a un lado del escritorio escribiendo esto, que se como quedara, encima de una taza de café a medio terminar, si me preguntas por qué te diré que no se supongo que no me ha caído del todo bien este café.
En otra nos vemos mundo.”
Macarena arrancó la hoja se dispuso a caminar hacia el cuarto de baño y la dejó encima de la taza, junto con el cuaderno entero. Colocó el bolígrafo perfectamente, con un esmero obsesivo, ahora su mundo se había reducido a quince minutos. Se había informado. Sin asistencia moriría en quince minutos. “Adelante”, se dijo. Sujetó el afilado machete de caza, con el que tantas veces había visto a su padre cortar la leña y procedió como si de una más se tratara con su mano izquierda, la ejecutora de la nota. De un sesgo llegó hasta los tendones. El dolor le invadió, las endorfinas se lanzaron a la carga. Una oleada de calor salió de su cuerpo junto con la sangre, sus dedos se convulsionaban. No podría agarrar el machete con la otra mano. No podría. Era una inútil incluso para matarse. Su corazón latía desaforadamente. No estaba todo perdido. No se iba a dar por vencida. Agarró del revés el puñal y lo acercó al pliegue de su codo. Era lo suficientemente largo como atravesarlo hasta el hueso, un solo corte desgarró las venas y le obligó a soltarlo. Todo estaba echado. El dolor ya no era tal. Estaba en el limbo. Todo se desdibujaba. Los colores se iban y cada vez se sentía menos a si misma. Apoyó la cabeza contra la bañera y entonces lo sintió. La liberación. Placer. No había retorno. Dio un suspiro y murió en paz.
Si es que estás leyendo esto, es porque esta historia se ha vuelto real.
Todo lo que me queda por decir que no me voy por depresión, lo peor sería que me juzgaran de esa forma. Mis actos acontecidos, demuestran que me cansé de toda esta miérda.
Supongo que llegó la hora de decir adiós.
Los amo
OK. PRIMERO QUE NADA, NO SOY EMO, NI TENGO GANAS DE SUICIDARME, :P, PARA DARLES UNA PICA DE COMO ESCRIBO Y COMENTEN NADA MAS. LOS AMO. :)
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ResponderEliminarQUE QUEDE CLARO. (POR SI MIS PADRES ENTRAN EN EL BLOG YA QUE LOS INVITÉ) Solo quería ver que tal me salía (:
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