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domingo, 10 de julio de 2011

Capitulo 1: En la ribera


En su casa de playa, las hermanas, Heidi y Megan disfrutaban de su último día en México, recostadas sobre la arena tomaban sol, como una forma de despedirse del verano ya que cuando se dirigieran a Francia llegarían justo con el inicio del otoño.
La tranquilidad que ellas deleitaban se interrumpió por el bullicio provocado por un grupo de chicos, alrededor de ellos un equipo de camarógrafos y unos cuantos guardaespaldas los rodeaban.
Luego de unos minutos se establecieron en la blanca arena, tres muchachos fornidos salieron corriendo hacia el mar, tan solo un joven delgado se sentó a observar como el resto de sus amigos se divertían mientras se refugiaba de los rayos del sol, era evidente que no quería broncearse, ya que estaba todo vestido y con botas algo inapropiado para el lugar en donde estaban.
Megan miro a la distancia al esbelto muchacho, le llamo la atención su rostro le era conocido pero no sabia de donde, Heidi en cambio seguía recostada, los ruidos no le fastidiaban, hasta que el trío de muchachos que estaban en el océano jugando, se pararon justo al frente de ellas, estas tuvieron reacciones diferentes, Heidi no se inmuto cuando uno de ellos la saludo, en cambio Megan los saludo efusivamente.
Megan ¡¡¡ hola!!! , ¿Cómo están?-
- bien!!! - respondieron al unísono los jóvenes
El chico más alto le pregunto- ¿Cuál es tu nombre?
Megan: me llamo Megan y ella es Heidi- señalando a su hermana, que se paro con rapidez ante la imprudencia de su hermana menor al dar sus nombres a unos desconocidos.
Entonces Heidi tomo del brazo a Megan y la aparto de ellos para hablarle en “privado”
Heidi: ¿Qué haces, pendeja?
No te das cuenta que no lo conoces y ya diste tu nombre
Megan: ¡¡hay!! Heidi no te preocupes tanto, son unos turistas, que no escuchaste su acento…
Heidi: ¿eso que tiene que ver?
Sin darle importancia, Megan prosiguió
Megan: además, mañana nos vamos…
Y lo mas seguro es que no los volvamos a ver…
Relájate ¿si?...
Vamos a charlar con ellos, que están lindísimos
Con dificultad Megan volvió junto a los jóvenes ya que arrastraba a Heidi de la mano.
Heidi, un tanto enojada, les pregunto desafiante a los chicos.
Heidi: ¿ustedes como se llaman?
Los muchachos aun no respondían, y Heidi volvió a hablarles impacientemente-Supongo que tienen algún nombre-mirándolos de reojo
Uno de ellos respondió pacientemente: me llamo Georg, él es Tom- señalando al más alto del grupo- y él es Gustav.
Heidi: ha…Hola
Megan: ¿ustedes no son de México, verdad?
Tom: no…
Somos de Europa, de Alemania…
Menos Georg, él es de otro planeta- y se río burlonamente
¿Pero ustedes son mexicanas?
Heidi: técnicamente, no…
Pero vivimos hace unos cuantos años en el país
Tom: ¿entonces técnicamente, de donde son?
Megan: eehhe…Heidi es chilena y yo nací en Argentina
Georg: pero viven en México
Heidi: si
Megan: si, por hoy…
Mañana no
Tom: aaah, ¿viajan mucho?
Heidi: si, pero ya nos hemos acostumbrado a mudarnos constantemente
Gustav: nosotros igual, se ha vuelto una rutina el hecho de viajar- comento el joven con gafas
Megan: como se llama el otro muchacho-señalando al joven sentado, alejados de ellos
Tom: se llama Bill y es mi hermano menor…
Por 10 minutos
Megan: aaahh… ¿ustedes tienen novia?
Adelantándose a Georg, Tom le responde: los únicos que están de novios es Georg, hace una eternidad y Bill hace unos meses, así que Gustav y yo aun estamos solteritos- sonrío pícaramente.
Los constantes intercambios de miradas entre Megan y Tom, molesto a Heidi
Heidi: ¿Cuántos años tienen?...
Porque parecen ser grandes de edad
Georg: yo soy…
Interrumpiéndolo, Tom contesto primero: yo soy el más joven no obstante lo tengo gran…- sin descaro miro directamente a Megan, esta se ruborizo. Ese comentario enfado a Heidi.
Heidi: pero eso no contesta a mi pregunta
Gustav: tengo 22 años- contesto modestamente
Georg: yo acabo de cumplir 24 y…
Tom: y yo tengo 21 igual que mi hermanito
¿Y ustedes?
Heidi: yo también tengo 21, y mi pequeña hermana tiene 17-lo dijo mientras la abrazaba con fuerza, Megan intentaba separarse de Heidi, que la estaba asfixiando, una vez liberada de los brazos de su hermana aclaro-pronto voy a cumplir 18 y seré mayor de edad-
Tom: genial- la miro provocativamente a Megan, quien se dio la vuelta ante la insinuación.

De pronto un hombre les grito a los muchachos, les pedía que regresen al hotel, sin más remedio los chicos obedecieron, sin antes despedirse de ellas, Georg y Gustav se despidieron con un saludo al aire, en cambio Tom le dio un beso en las comisuras de los labios a Megan. Cuando los chicos se perdieron de vista, Heidi molesta llevo a Megan hacia la casa.
Heidi: ¿Qué te pasa?
Te comportas como una pendeja idiota
Megan: ¿Qué estas celosa?
Por que conquiste a ese bombón
¿y vos no?
Heidi: ¿no te das cuenta?, que el quiere para una sola cosa
El te va a utilizar y después te va desechar como un papel
Megan: ¿eso piensas de mí?
Me consideras tan entupida
No lo puedo creer
¿Vos crees que voy a caer en sus redes?
Heidi: claro que sí
Todavía sos mi hermanita y no sabes como son los chicos
Megan: escúchame “Heid”, puedo ser chica de edad pero no significa yo ignore las intenciones que puede tener alguien, se controlar esos temas, no tienes que preocuparte tanto
Heidi:”Meg” no me pidas que no me preocupe, sos mi única hermana, siempre te voy a cuidar de aquello que te haga daño, y lo que mas deseo en mi vida es que seas feliz con la persona que verdaderamente te valore
Megan suspiro: gracias… por ser mi ángel guardián- y se abrazaron afectuosamente.
Esa noche partieron hacia su nuevo hogar, en Francia las esperaban su padre y su nueva esposa.
Megan: ¡¡HOLA!! Papa-saludo, y corrió para abrazarlo, cumplía casi 2 años desde la ultima vez que lo habían visto, Heidi tan solo lo saludo con la cabeza, a ella jamás le gusto la idea de que su padre se volviera a casar, luego de la muerte de su madre.
*Hablan entre español e ingles, las chicas aun no manejaban bien el francés*

Padre: ¿Qué tal el viaje?
Heidi: bien, Megan durmió o mas bien ronco todo el camino, ajajá-
Megan: eso no es verdad
Yo no ronco- lo dijo ruborizada
Madrastra: que tal su vida amorosa…
¿Ya tienen novio?
-No- respondieron algo molestas
Madrastra: que raro, siendo tan jóvenes que no tengan novio, mi hijita Pierre ya esta de novia desde hace un año y todavía no cumple 16, deberían apurarse sino se les van a ir los mejores- y sonrío de forma irónica
Megan: lo que sucede,
Es que nosotras no estamos tan desesperadas por tener un novio
Su madrastra se quedo callada.


Sin embargo, ese año el destino les tenía preparada una sorpresa de amor y dolor.

Carta con destinatario a mi corazón.

Miraba fijo al recuadro vacío del álbum de fotos que mi madre me había regalado 4 años atrás.

Suspiré profundamente. Habían pasado 4 años desde que Edward me había dejado. 4 años en los que no pasé noche sin tener consuelo alguno. 4 años que no viví completamente.
Pero como se dice por ahí 'nadie muere de amor' y era verdad. Estaba viva. Rota, pero con vida al fin…y el tiempo se encarga de curar todo. Si bien se me daba bien lo de olvidar las situaciones no deseadas, esta era la única vez en la que me obligaba a pensar en él. Estaba aterrorizada de recordar, pero al mismo tiempo temía olvidarle.
Cuando Edward se fue se llevo todo rastro suyo con él. Sus regalos, los de su familia y cualquier foto que pudiera tener con él. Lo único que quedaba como indicio de que alguna vez existió y estuvo conmigo eran las pocas líneas debajo del recuadro en blanco 'Edward – mi cumpleaños' pasé los dedos por el espacio en blanco, tratando de recorrer imaginariamente las formas de su rostro.
Unas cuantas lágrimas cayeron de mis ojos. Edward se había ido. Por mucho que me doliera recordármelo, era la verdad. Nunca volvería a verle. Nunca volvería a escuchar el tono aterciopelado de mi voz al susurrar mi nombre; nunca volvería a ver la sonrisa torcida que tanto adoraba en su rostro; o sentir sus brazos marmóreos rodeándome; nunca sabría que fue de él.
En cualquier momento tocaría Charlie a mi puerta diciéndome que debíamos ir para el aeropuerto. Era tiempo de seguir adelante. Había conseguido después de tantos años que me lograran aceptar en la universidad de Chicago. Mis padres habían perdido las esperanzas de que mi vida tomase el rumbo que hubiera seguido si Edward nunca hubiera aparecido. Ya ni amigos me quedaban. Me había aislado del mundo, encerrándome en mi soledad.
El ultimo tiempo ni con Jacob me veía. Tuve un momento en el cual creí volver a la vida. Jake había sido mi sol en medio de tantos días grises…pero no duró por siempre. Una noche, después de que fuéramos al cine junto con Mike…Jacob simplemente me evito. Ese fue el último golpe que necesitaba para hundirme más en mi miseria.
Cerré el álbum de un golpe y lo dejé sobre la cama. Seguí revolviendo el closet. Mis manos se toparon con algo pesado y un manojo de cables. Como si fuera una bola de fuego lo lance furiosa hacia la otra esquina de mi habitación. Había arrancado del panel de mi camioneta el estéreo que los Cullen me habían regalado, y ahora parecía ser otro aliciente más que escarbaba en mi herida. El aparato golpeó contra la pared y cayó al suelo con un sordo y extraño golpe.
Me puse de pie, y aplaudí internamente a mi torpeza al ver que el estéreo había sacado de su lugar uno de los tablones de madera. Charlie iba a matarme. Corrí hacia allí para tratar de arreglar el daño antes de que Charlie se diera cuenta, y también tendría que deshacerme del estéreo…verlo solo me traía mas dolor. El tablón estaba bastante flojo, como si ya hubiese sido movido antes. No le di importancia, pero me dio una buena idea de que hacer con el estéreo.
Traté de girar el tablón, pero fue más fácil que se saliera el clavo del otro extremo. Tomé el aparato electrónico para dejarlo debajo del tablón, pero cuando mire allí dentro para ver donde ubicarlo, dejé caer el estéreo de mis manos.
Debajo del tablón había una pequeña caja de madera cubierta de polvo. Me quedé mirando en blanco la cubierta de aquella caja, con su tapa labrada con cientos de formas florales. Me arrodille en el piso y cuidadosamente tome la caja.
La miré extrañada… ¿Qué era lo que hacia esa caja allí? Por el polvo acumulado en su superficie tendría varios años allí oculta. Sonreí suavemente al sospechar que quizás mi madre la dejo allí en algún momento en el que vivió en la casa con Charlie.
La abrí con entusiasmo, imaginando que cosas mi madre pudo haber puesto allí. ¿Cartas de algún viejo amor o de mi padre? ¿Fotos de ella y de Charlie cuando se conocieron? Había fotos, si. Pero no del tipo que yo espere.
La primera fue la que me hizo dar un gemido mezclado con sorpresa y dolor. Su rostro era mas bello de lo que recordaba, su sonrisa me dejaba sin aliento –como siempre- y sus ojos dorados brillaban, torturándome. Era Edward. La foto que le había tomado con mi cámara el día de mi cumpleaños. Revolví el contenido de la caja. Todas las fotos...todos los recuerdos e indicios de que alguna vez Edward estío y estuvo conmigo, estaban allí.
Agradecí no haber empacado el equipo de música –principalmente por que era viejo y podría comprarme otro en Chicago- corrí hacia el en el mismo instante en que vi la caja del CD. El que Edward me había grabado con algunas canciones de piano, entre ellas mi nana.
Me cubrí el rostro con las manos, principalmente tapando mi boca para evitar que Charlie me escuchara llorar. Nada había sido una ilusión…él, su música habían existido. Mientras mi nana sonaba suave de fondo corrí hacia la caja. Aun seguían allí los boletos de avión que Carlisle y Esme me habían regalado, pero habían expirado hacia años.
Y debajo de todos aquellos tesoros encontré un sobre cuidadosamente doblado con mi nombre escrito con la prolija caligrafía de Edward. 'Mi dulce Bella' decía. Mi corazón se estrujo en mi pecho y la mire por minutos, sin atreverme a abrirla.
Ábrela Bella, no seas tonta.
¿Y si solo reafirma lo que me dijo con palabras?
Entonces sabrás que debes seguir adelante. Tómalo como una especie de despedida.
No podré…

Mi mente y corazón se habían dividido en dos partes, ambas sufrían por igual. Entonces desdoble el sobre y lo abrí lentamente. Temiendo cada segundo con lo que podría contender en palabras.

Mi Bella,
Tuve que mentirte. No quise, pero tuve que hacerlo. Decir que no te amo, es la blasfemia más negra que se ha escuchado en el mundo. Pero mereces algo mejor Bella.
Veras, pasar el resto de mi vida contigo es mi único anhelo, pero no existe 'resto de mi vida' para mi, lo cual es la gran ironía de mi especie.
No tengo vida. Es solo una monótona existencia. No estoy muerto, pero tampoco estoy vivo. Un eterno impasse en el que me encuentro atrapado entre dos mundos. Hasta que llegaste para iluminar mis noches. Toda pequeña cosa que pudiera suponer algún tipo de distracción quedó a un lado con tu llegada. Bella, arrasaste con todo lo malo que pudo haber en mi vida...en cierta forma de la devolviste. Pero nunca podía dejar de recordar quien era, que era.
Eso era lo que me impedía continuar contigo Bella. Estar a mi lado supone exponerte constantemente a peligros que, si nunca me hubieras conocido, solo sabrías de ellos en cuentos de ficción. Lamento tanto haberte hecho pasar por todas esas cosas. Y por mucho que quisiera estar eternamente contigo, no puedo condenarte a esta existencia. Por eso me fui, Bella. Para dejarte vivir la vida que yo debí tener si nunca hubiera enfermado, o si Carlisle no me hubiera transformado. Para que vivas la vida que hubieras vivido si Carlisle no me hubiera transformado.
No iba a soportar ver pasar tu vida a mi lado sin que la vivieras plenamente. Hay cosas que yo no puedo darte, por mucho que lo deseara. Me duele, pero dejarte en el mundo de los humanos es lo mejor. Por mucho que te ame y me destruya separarme de ti.
Nunca creí poder conocer el amor Bella, no hasta que te conocí a ti. Siempre te recordaré mi amor. Siempre tendré grabado a fuego el sonido de tu voz, tu sonrisa, el calor que irradian tus mejillas cuando te ruborizas y la forma en que brillan tus ojos con aquella chispa de intuición.
Se que nunca dejaré de sufrí tu ausencia, pero me contento con saber que de seguro estas mejor ahora. Quizás nunca sepas de esta carta. Quizás lo hagas en algún futuro cuando tengas tu vida encaminada.
Te pido que no sufras por el pasado Bella. Solo atesora los bellos momentos que pasamos. Yo siempre te amaré y cuidare de ti. Solo prométeme que serás feliz sin importarte nada más. Se que algún día podrás ver hacia atrás y sonreír al recordarme.
Siempre voy a amarte Bella, toda la eternidad.
Edward.
La carta temblaba en mis manos… ¿Acaso todo lo que Edward decía en sus cartas era verdad? ¿Acaso aun seguía amándome? 
Me sobresalté al escuchar el teléfono sonando. –Bella, teléfono- bajé casi dando saltos las escaleras y no pude descifrar la expresión de mi padre.
-¿Quién es?- balbuceé. Charlie resopló y me extendió el teléfono antes de alejarse.
-¡Bella!- me quedé helada al escuchar la suave voz de Alice del otro lado de la línea.
-¿A…Alice?- susurré.
-¡Bella! ¿Quieres explicarme por que te veo yendo de compras conmigo?